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Así se reúne fácilmente la imaginación, con tantos y tantos tejados a nuestra disposición. Me gusta cobijarme en la chimenea de la chica del tercer piso, junto a mi amiga Adela; la siamesa del segundo, y junto a Cortázar.
Ese gato fino no deja de asediarme, tiene los bigotes más largos que yo jamás haya visto, el andar elegante y seguro, por eso a todas las gatas les cautiva con una facilidad asombrosa, teniendo en cuenta que por nuestra naturaleza somos mimosas y salvajes, pero reacias a amores fáciles. Para Cortázar eso no es impedimento, es estímulo. Después de hacerles la M en surcos extraños, les pega un zarpazo y las lanza por el aire sin ningún escrúpulo. Sin importarle si es su primera o su séptima caída.
Esa parte de Cortázar es la más fascinante. A nosotras las gatas mediterráneas se nos erizan los pelos de pensar en que después de abandonarnos a los impulsos primigenios, se pueda morir en posición sexuada.
Pero he visto a Cortázar realizar cientos de veces el mismo rito, desde éste tejado diviso los juegos y mentiras de los otros grupos de gatos y él ha dejado de atraerme, me recuerda al gato siciliano; bello y traicionero. A ese tipo de gigo-gato que araña al besar, que chupa la sangre derramada de hembras y machos, que menea los bigotes con la ira, que permanece estático con el sol de frente, abstraído y consciente de que así sus enormes ojos verdes se verán reflejados como inmensos lagos de veneno.
Ese gato me acosa, solo falto yo. Y he decidido matarlo antes de que él me mate a mí.
Fondo Musical: Mack The Knife (Nick Cave & The Bad Seeds)
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