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Publicado : 26/03/2007 |
Autor : Trapi
Categoría : Certamen de Relatos 2007 | Lecturas
: 204 | Valoración :     
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Y llorabas cuando follábamos. Profundamente. Gemías de placer, pero las lagrimas resbalaban por tu rostro. Llorabas igual que en muchas otras ocasiones. Y yo había terminado por acostumbrarme, aunque nunca llegara a entender qué era lo que tenías. Después, sentados los dos en la cama, con un cigarro en los labios, tú tratabas de explicármelo. Me hablabas de campos de trigo y de muñecas desnudas. De tardes inmensas como lagos. Me explicabas algo sobre una herida de ésas que no se ven y que no cicatrizan nunca. Y que sangran como úlceras. Entonces yo te apretaba contra mí, y tu volvías a llorar y a mí me daba la impresión que te dolía quererme. Que te dolía querer, y que ya fuera follando o escuchando nuestro disco favorito las lágrimas serían compañeras nuestras. Y desde entonces tengo una misión basada en conocerte en toda tu extensión, de cabo a rabo, no dejar ni una célula de tu pensamiento sin rastrear en busca de una herida tan vieja como la tierra y tan omnipresente como el amor.
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Un relato al azar |
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No tenía forma de soltarlos. Sus incisivos se habían quedado encajados en el marco de aquella puerta y su sudorosa cara estaba pegada al mugriento barniz. Sus ojos entreabiertos suplicaban clemencia. Sucesivos golpes de otra puerta en su trasero le hacían gemir de dolor y apalancaban sus encías contra la madera, incrementando su sufrimiento.
Entonces, al no percibir movimiento alguno, el juez consideró que habría escapado, o quizá caído al agua sin que se dieran cuenta... |
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