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El filósofo y la garza
Caminaba el filósofo Inmanuel por el bosque apenas iluminado, ya que no necesitaba más que la luz de su razón para ver el camino. A sus espaldas, escuchó breves y apenas perceptibles pisadas. Al dar la vuelta vio a una hermosa garza blanca que se detenía al tiempo que él lo hacía. -¿Por qué me sigues? – preguntó receloso.
Tal vez por llevar el mismo camino, o quizá por verte cavilar hoy que el mundo proclama sentimientos.
-¿Sentimientos?...De nada sirven si no son controlados por la razón.
-El amor no conoce de razones, ya ves aunque el recorrido es el mismo, transitamos senderos diferentes. Te propongo algo – la garza agitada se puso a la par del escritor -
mira a ti te sobra lo que me falta a mí, y yo tengo algo de lo que careces –la garza sonreía maliciosa.
-¡Sin más vueltas dilo y… ya!
-Si tú me enseñas a pensar y me regalas un poquito de razón, yo te brindo parte de mis sentimientos.
-Es que si has podido hacerme esta propuesta, sabes pensar y…
-Lo poco que sabía te lo he prodigado a ti – lo interrumpió la garza.
Esta vez el filósofo Inmanuel no pensó y así contestó a la garza.
-¡Sí…pero que sea ya!…que hay alguien que está esperando lo que tú corazón me está regalando.
Dicho lo cual, el caballero partió presto en busca de su damisela enamorada.
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