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Ustedes ven que tengo la cabeza de la criatura en la mano. Les parecerá espantoso, ¡una cabeza seccionada!; ya sé que no aprueban nuestros métodos. ¿Aprecian las protuberancias fosforescentes, y los tentaculitos de la nuca? Si la giro, observarán que también tiene nuestras membranas venenosas detrás de los orificios auditivos, y la tercera boca y las pupilas cambiantes. Parece una cabeza normal, como la nuestra ¿no es cierto? Estarán de acuerdo conmigo en que se asemeja mucho —muchísimo, diría yo— a un congénere hermoso y que no llama la atención. Hasta lo verán atractivo, no lo niego. Seguro que piensan que no merecía morir. Pero, créanme, hemos tenido que hacerlo. Era una amenaza para todos.
Si se fijan, encontrarán cierta falsedad en sus formas. Ahora que tiro un poco de la piel verdosa, ¿no les parece demasiado fláccida? Levemente brillante, como si no fuera auténtica. Fíjense bien, se lo ruego: puedo arrancar un pequeño trozo sin dificultad. Ahora, miren esto. Si presiono aquí, el complejo mecanismo se afloja, abriéndose, la piel es más rosada y blanda, y pueden contemplar lo que esta especie usurpadora denomina cejas, premolares, incisivos, lengua. Los monstruos anidan en las ilusiones más peculiares, conversan con ustedes, se mezclan.
¿Lo ven? ¿Comprenden ahora que han sido engañados? |