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Para Eliseo Subiela
Finalmente el poeta encontró a una mujer ligera; esa pirotécnica, fantástica, suculenta, mojada hembra que ha sido creada con saliva astral de su costilla lírica y esdrújula mientras él dormía algún sueño alcohólico. Sacudiendo su canadiense oscura, como un cuervo, el poeta, todo nervio y pelos, se anticipa a las piruetas amorosas que realizara con ese cuerpo celestes entre fuegos de artificio. No le pide permiso para entrar. Irrumpe en su espacio, ligero de alegría como una pompa de jabón. El aire es su elemento: Aletea con los ojos, enciende un cigarrillo, prepara una palabra...
- !Ah, ah, ah!- Dice la que vuela negando con su dedo índice hecho de viento- Si no sabes estar en tierra, pichón, ni lo intentes. Pierdes el tiempo conmigo.
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