Amor animal

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Author : Celia E.Coto
Published on : 18/03/2007


  
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Hasta que no haya fallado el Jurado no deberá rellenarse este campo
 
Entre cerros de colores, yermos y pedregosos, crecía una niña junto a un rebaño de cabras negras de fina lana.  Una mañana de sol radiante, la niña jugaba saltando entre las piedras como los cabritos a los que imitaba. De repente resbaló y cayó rodando sin poder parar en el correntoso arroyo cristalino que corría por el valle. Totalmente indefensa, el agua impetuosa la arrastraba sin piedad hacia la cascada. Moviendo sus bracitos se aferró a una roca y así pudo sentarse sobre el lecho de agua helada. Tenía mucho frío y se puso a llorar. La niña, al igual que los cabritos, sólo sabía berrear.
 
El eco de su llanto se multiplicó entre los cerros, las cabras dejaron de mordisquear las briznas de pasto seco y con sus grandes y apacibles ojos miraron hacia el arroyo.
 
Cuando la niña oyó el tintineo del cencerro de la cabra madrina se le alegró el alma y entibió el corazón. En pocos minutos el animal la levantó con sus cuernos, como a un fardo de pasto, y la depositó sobre la orilla. La niña dejó de llorar abrazada a la cabra que, con delicadeza, lamía las últimas lágrimas que corrían por sus mejillas.